La Historia de nuestro Club

Transcurría el verano de 1944, cuando un grupo de vecinos que solían reunirse en la esquina de 4 y 68 y en el Bar de José Pécora, vieron la necesidad de buscar un espacio propio, para realizar actividades favorables al crecimiento familiar y social. En su mayoría eran trabajadores, comerciantes y empleados radicados en la zona, nativos y descendientes de inmigrantes italianos y de otros países de Europa y Medio Oriente. 

Después de numerosas charlas y debates, se arribó a una Asamblea General, realizada el día 1° de julio de 1944, en los fondos del domicilio de José Tumino  (4 entre 69 y 70). 

En ella y bajo la conducción de Carlos Anselmino y Tulio Venturuzzi, ciento ocho participantes votaron por la fundación de un club de barrio y aprobaron la primera comisión directiva, dirigida por Carlos Anselmino. Así nació el “Centro Social, Cultural y Deportivo Aconcagua”, cuyo nombre fue propuesto por Pio Guardia, en homenaje a la cumbre más elevada de la Argentina y como ideal para el logro de las aspiraciones más altas. 

Luego de las primeras reuniones en domicilios de algunos dirigentes, se alquiló una casa en la calle 69 entre 3 y 4, del socio fundador Segundo Scianda. En ella se instaló un pequeño buffet  y se improvisó una pista de baile en el patio exterior, con música transmitida por Radio El Mundo. El 24 de Mayo de 1945, se inauguró la Biblioteca Popular “Juan Vucetich”, iniciativa de Espartaco Quintans y Angel Digiani, quienes reunieron el material necesario y quedaron a cargo. Se instalaron además dos canchas de bochas y varios muchachos se sumaron al ciclismo en el circuito del Bosque. 

En 1946 se consiguió la Personería Jurídica del Centro y llegó la hora del traslado definitivo a la sede propia, sita en calle 69 n° 480, entre 4 y 5, a donde funciona desde 1947 hasta la fecha.  

Volvamos a los hechos. En principio, la activa participación de las mujeres en los aspectos culturales, docentes y sociales actuó como un factor de equilibrio, dentro de aquel círculo de mayoría masculina. Contribuyó a ello la iniciativa de Gladys Mabel Galindez, a fines de crear un Jardín de Infantes, del que fueron sus primeras maestras la mencionada y la Sra. Nilda Dallarrosa. Debido a la excelente respuesta obtenida, en marzo de 1948 se creó la Universidad Popular Aconcagua. En esta novedosa comunidad, se dictaban cursos de inglés, corte y confección, dactilografía, bordado a máquina, encuadernación, radio armado y televisión, peluquería, cosmetología, danzas clásicas, nativas y españolas, dibujo, guitarra, preparatorio al secundario y Jardín de Infantes, con una inscripción de 508 alumnos. 

La presencia de la familia toda, se reflejó en los grandes actos humorísticos y bailes de carnaval de la década 1950 y 1960, con figuras de la talla de Héctor Mauré, Nina Miranda y María de la Fuente y en especial las grandes Orquestas Típicas de La Plata: Blassi-Orlando, Agustín Lázzaro; Ricardo Rómulo y su Cuarteto de Ases, Ricardo Pérsico y “Nito” Valente, entre otros. Tal vez la gran culminación haya sido -con el recambio de épocas y el auge de la nueva ola- la presentación del ídolo “Palito Ortega”, que hizo “desbordar las instalaciones”, como jamás ocurriera.    

En lo estrictamente deportivo, sobresalieron grandes bochófilos, como los hermanos Casal, Hugo Córdoba, Juan y Oscar Magdalena, Carlos Savino. En tanto que el techado posibilitó incorporar -por breve tiempo- el básquetbol, deporte en el cual se destacaron Riente, el Gordo Pesado o otros jugadores. Luego de esta gran etapa, de la que hay que destacar el subsidio otorgado por el ex-gobernador Oscar Alende, que posibilitó la construcción de Planta Alta y otras remodelaciones de importancia, los golpes de Estado que derivaron en gobiernos cívico-militares, fueron alejando a las familias del club. 

En forma gradual el conjunto de la sociedad se modificó en absoluto, hecho que literalmente fue vaciando a los clubes de sus mismos socios, vecinos y amigos, quienes optaron por recluirse en sus domicilios. En esa realidad de violencia y miedo soterrado, que llevó al país desde el enfrentamiento ideológico hasta una dictadura también ideológica, sumado a la imprevista Guerra contra Inglaterra, los clubes sociales quedaron reflejados en la película “Luna de Avellaneda”. Eran el fantasma de lo que un día irradió el fuego de la amistad,  la solidaridad, la alegría de esa genuina “segunda casa” a la que íbamos chicos, jóvenes y personas sin otra edad ni buenos deseos que el de encontrar-nos y compartir-nos. 

No obstante ello, la recuperación de la Democracia, que se mantiene desde 1983, no consiguió inmediatamente reafirmar a los clubes de Barrio y hasta el nuestro debió buscar el apoyo de Personería Jurídica, cuando obstinadamente una comisión deshonesta y falta de pertenencia, puso al club al borde del abismo.

Reorganizado el Club por la comisión integrada al efecto por Silvia Sciada, Pedro Colombo y Oscar Silvestreli, hijos de socios fundadores, desde el 2007 hasta la actualidad, sobrevino una reactivación a través de directivos de legítima pertenencia y sentido comunitario. 

Se refaccionaron las instalaciones desde un proyecto 0, se recuperó el vínculo de la Biblioteca con la CONABIP, que había sido suspendido por la dictadura en 1979, se repararon los techos y se habilitó un nuevo gimnasio, anexo al mayor y que permitió incorporar tae-kwondo y Acrobacia aérea; se desarrollaron talleres de Arte; se creó el Salón de Actos “Doctor Rene Favaloro” y la Sala de Lectura “Espartaco Quintans”. También se creó el sector de Tercera Edad, en un lugar propio para uso de los mayores. 

Mediante profesores de educación física se reactivaron los deportes. La biblioteca amplió su número y calidad de obras, gracias a subsidios de la Conabip, que permiten su atención por dos profesionales en el área. 

Durante la pandemia el club nunca cerró sus puertas, fue atendido por los directivos Pedro Colombo, Leandro Balseiro y José “Pepe” Cánepa, respetando las pautas impuestas desde el gobierno y con la colaboración especial de la Federación de Entidades a cargo de Alberto Alba.

Fueron los vecinos, los descendientes de los socios fundadores, quienes desde 2007 lograron recuperar a la entidad, a través de una Comisión Reorganizadora.  Podríamos mencionar a muchos que no están…pero sus nombres son conocidos y trepan en la búsqueda de los 6.959 ms. del Aconcagua. 

Esta historia es un orgullo, y lo que deseamos es que siempre, sin pausa y con esmero, siga el Aconcagua apuntando cada día más alto.

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